Finalmente alguien se ha dado por enterado de la criminal destrucción que se lleva a cabo –a plena luz del día y frente al impávido actuar de decenas de funcionarios– en la Plaza Catedral. La Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia ha decidido intervenir ante lo que se ha convertido en el último de los atracos contra el patrimonio histórico de los panameños.
En el corazón del Casco Antiguo una mole, que ha alterado vulgarmente la altura y volumetría, y que además ha arrasado con los vestigios coloniales así como con el legado de ilustres personajes de nuestra historia republicana, se erguía imparable. Y es que la obra contó, primero, con el aval irrestricto del alcalde Juan Carlos Navarro y su bien entrenado ingeniero municipal, Jaime Salas.
Luego del cambio de gobierno, el promotor se ha valido de los mercenarios de siempre para seguir resguardando, dentro de la actual administración, una construcción que pretende clavarnos a toda velocidad un icónico “falso histórico”, para que nadie olvide que la ilegalidad y el juega vivo tienen también cabida en el conjunto monumental histórico de la muy noble y leal ciudad de Panamá.
