El camino por hacer realidad el mandato constitucional que establece que el Municipio es la organización política autónoma de la comunidad, no ha sido fácil. El centralismo tradicional y el fuerte presidencialismo que ha caracterizado a las sucesivas administraciones, ha jugado siempre en contra del crecimiento institucional de los gobiernos locales. Ahora se suma un nuevo enemigo del fortalecimiento municipal: el irresponsable comportamiento del alcalde capitalino, Bosco Vallarino.
Su actuación ha sido tan escandalosamente inaceptable, que el vicepresidente de la República y su jefe político, Juan Carlos Varela, se vio precisado a citarlo a sus oficinas en la Cancillería para tratar de evitar más traspiés. El encuentro –no importa cuántos comunicados se emitan con el fin de banalizar lo sucedido– representa un duro golpe a la tan necesaria descentralización, a la autonomía municipal y, sobre todo, a la dignidad que debería tener la figura de un alcalde, más aún si se trata de la capital del país. Es evidente que el alcalde Vallarino obtuvo su cargo como parte de la “telepolítica” que –no solo en Panamá– está socavando las bases de la democracia y de la institucionalidad. Es una verdadera vergüenza nacional.
