El tratamiento que el gobierno le está dando a la primera denuncia de corrupción administrativa –dentro de su propio seno–, abre más dudas de las que pretende despejar con los anuncios oficiales.
El otorgamiento de cupos, de forma masiva, aprovechando la ausencia de la titular de la institución y bajo la sombra del hermetismo, dice mucho del actuar de los regentes de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT). La ciudadanía le reclama al Presidente absoluta transparencia sobre los hechos y una explicación del proceder de ambos funcionarios. Uno de los dos tiene la verdad de su lado.
Con la misma vehemencia y coraje con que el presidente Martinelli se ha manejado hasta ahora al destapar la corrupción de sus predecesores, debe comportarse con su equipo, sobre todo cuando los involucrados son de su confianza y pertenecen a su entorno íntimo. Las lecciones tienen más valor cuando el ejemplo empieza por casa. No hacerlo erosionará la confianza que abrumadoramente se le reconoce al atajar a los pícaros que le precedieron.
