Tras una campaña electoral tormentosa relacionada con la legitimidad de su candidatura, el alcalde capitalino, Bosco Vallarino, sorprende ahora nuevamente con un supuesto desconocimiento de la ley que, según su particular modo de ver las cosas, debe exculparlo de todo desliz. Primero llena un formulario para su candidatura, omitiendo el hecho de que era nacional de otro país; y ahora, alega no saber que los recursos públicos no pueden utilizarse para pagarle viajes a un particular, especialmente si se trata de un familiar.
En el medio, el señor alcalde ha tenido ideas poco edificantes para la ciudad, como utilizar la cinta costera para realizar los carnavales o instalar allí pantallas gigantes, mientras monta un espectáculo mediático para denunciar la existencia de un burdel. En medio de la crisis que afronta en el Consejo Municipal, anuncia ante los medios de comunicación que el burdel allanado tiene conexión con la guerrilla colombiana, sin que las autoridades judiciales sepan los detalles de tal hallazgo. Todo parece indicar que el señor alcalde no ha entendido la dignidad ni la responsabilidad que la función pública implica.
