Según la Contraloría, cerca de 90 mil menores de edad forman parte de la fuerza laboral del país. Esta cifra es el doble de la del año 2000. La cantidad de jóvenes trabajadores es alarmante, pero más lo es su ritmo de crecimiento, pues hay un mensaje en ello, y es que una parte de nuestra juventud no ve la educación como una forma de mejorar su vida o sus padres no tienen más alternativa que enviarlos a la calle o al campo a fin de que se ganen unos dólares para poder comer. Ello significa que los programas de gobierno para mitigar la pobreza están siendo poco eficaces, al menos en este aspecto.
En todo caso, hay que analizar científicamente las razones por las cuales el número de jóvenes jornaleros está en aumento en vez de disminuir. Por otro lado, muchos niños son explotados por padres o familiares sin escrúpulos, a pesar de que Panamá cuenta con los recursos legales para erradicar este tipo de maltrato, pero las autoridades ponen poco de su parte para castigar esta conducta. La sociedad –junto al Gobierno– tiene un compromiso: los niños tienen derecho a jugar, a educarse, a protección y seguridad. Pero las cifras ponen de manifiesto que no estamos cumpliendo.
