La gripe A(H1N1) ha cobrado hasta ahora la vida de seis personas en Panamá, y en este momento se encuentran en estado crítico ocho más, cinco de ellas, niños. El Ministerio de Salud ha anunciado que espera nuevas víctimas y que uno de los grupos más vulnerables es el de los niños, especialmente los que viven en zonas de extrema pobreza, como las comarcas indígenas. Ello es grave ante la situación que experimenta el sistema de salud destinado a atender, precisamente, a esta población.
La capacidad del Hospital del Niño –según su director– está al límite y urge la necesidad de construir nuevas instalaciones para hacer frente a las crecientes carencias de atención médica especializada. En otras palabras, si unimos la nueva ola de víctimas de la gripe entre el grupo de infantes y la incapacidad de poder recibirlos en un hospital especializado, lo que tenemos en ciernes es un verdadero desastre de salud, sin olvidar que esta es una epidemia a la que estamos expuestos todos, sin discriminación alguna. De ello puede dar fe Costa Rica, hasta donde el Presidente de la República sufrió en carne propia los efectos de la pandemia.