El desarrollo de un país depende en buena medida de la justicia y de la equidad social. La riqueza de una nación no puede estar en manos de un pequeño grupo de personas, mientras la mayoría está expuesta a las penurias de la miseria. Para ser justo, el Estado debe proporcionar servicios básicos, educación, salud, infraestructura, todo con el fin de generar las posibilidades de crecimiento que hacen posible romper el círculo vicioso de la pobreza. Pero lograr ese objetivo requiere que todos y cada uno de los panameños hagamos aportes que permitan que esas oportunidades se materialicen.
Los usuarios de la Zona Libre de Colón no son la excepción. Si bien generan empleos, el Estado hace y ha hecho importantes inversiones para satisfacer sus necesidades. Entonces, es necesario equidad; es decir, que ellos aporten su cuota de sacrificios –tal como lo deben hacer todas las personas naturales y jurídicas– para así darle mantenimiento, por ejemplo, a las carreteras e infraestructuras que ellos utilizan diariamente. Negarse a hacer aportes de sus ganancias al Tesoro equivale a quitarle el derecho de superación a los que menos tienen y a tornarse un inhumano oportunista.
