Ya va siendo hora de que nuestras autoridades salgan a defender el centro financiero panameño. Panamá tiene el derecho de desarrollar una actividad en la que es altamente competitivo, como la prestación de servicios financieros, sobre los cuales se han hecho avances enormes en materia de regulación y adecentamiento. Cada mes aparece un país que, so pretexto de que somos un mal llamado “paraíso fiscal”, nos sanciona. Esta semana, la banca española - de larga tradición en este país- admitió presiones para cerrar sus operaciones en Panamá pues no quiere que se afecte su “reputación”.
Es momento de que nuestra Cancillería le informe al Gobierno español que si estar en Panamá le afecta su reputación en el tema bancario, debe ser entonces consecuente y dejar de hacer negocios en Panamá en todos los campos, dejando espacio para quienes nos ven como legítimos socios comerciales. Deben irse entonces las muy rentables telefónicas, las generadoras eléctricas, los casinos y el consorcio que acaba de ganarse la construcción de las esclusas del Canal. ¿O es que Panamá no es paraíso fiscal para esos negocios, y para el bancario sí lo es?
