Tiempo atrás, Panamá logró –consciente o inconscientemente– un avance en materia de identificación que fue acertadísimo: unificó, en el número de cédula de identidad personal, los registros de la mayoría de bases de datos existentes. Así, el número de seguro social, el número de pasaporte, las matrículas universitarias, la licencia de conducir, entre otros, se identificaban con un solo número.
Fue un logro, no solo en cuanto a sencillez, sino en cuanto a control y seguridad. De hecho, otros países, como Estados Unidos, fueron descubriendo la necesidad de contar con un único número de identificación nacional de sus ciudadanos, algo alcanzado tiempo atrás en Panamá. Pero no faltó el genio “innovador” en la Dirección de Pasaportes que decidió hace unos años darle al documento una numeración que va cambiando cada vez que se renueva, y no el número de cédula.
Sería acertado, ahora que se anuncian cambios en cuanto a la expedición de pasaportes, que se le vuelva a asignar el número de cédula como número de pasaporte, sin perjuicio que el mismo cuente con una secuencia numérica por seguridad.
