Una vez más, la tragedia sacude a los panameños. Dos nuevas víctimas cobró ayer el transporte colectivo y más de 50 personas sufrieron heridas, con lo que se añade un nuevo capítulo a lo que parece ser una novela sin fin. Urge una solución, aunque sea provisional, para evitar que más usuarios sufran la condena que deberían purgar los culpables de tanta desgracia, de la que son responsables los propietarios de los buses y la autoridad, que desde hace décadas está de brazos cruzados, haciendo el papel de espectadora.
Los transportistas reclaman indemnizaciones cuando ellos nunca la han ofrecido a sus víctimas; se indignan cuando alguien sugiere un servicio alterno, pero nada hacen por mejorar su flota o su trato; amenazan con huelgas, cuando son los usuarios los que deberían hacerlas. La indulgencia que han recibido los transportistas por parte de las autoridades solo contrasta con la indiferencia de la que han sido objeto los usuarios. Por ello, el paro convocado por el transporte colectivo la próxima semana solo conseguirá exacerbar esa animosidad que ya existe en su contra.
