La corrupción en Panamá es como la mítica hiedra de Lerna, terrible bestia de cuyo cuerpo brotaban serpientes y por sus fauces exhalaba fuego. Cuando se decapitaba una de las serpiente, brotaban dos nuevas cabezas. Duro reto le queda a la Procuradora ante las 100 serpientes que se siguen reproduciendo y continuarán haciéndolo, hasta que ella y los magistrados de la Corte entiendan que no podemos seguir en investigaciones que empiezan pero nunca terminan, mientras que los delincuentes continúan paseándose sórdidamente frente a la justicia.
La detención y el castigo ejemplar a los corruptos de alto perfil son el equivalente a lo que finalmente entendió Herácles, quien solo logró vencer a la fiera cuando luego de cortarle las cabezas a las serpientes cauterizó el sitio donde volvían a brotar. Demasiadas excusas se han esgrimido ya sin que nuestros fiscales hayan logrado aún que uno solo de estos delincuentes, que ostentan millones malhabidos, purgue en la cárcel por lo que se apropió indebidamente, o por los crímenes que otros han cometido y siguen impunes a la vista de todos.
