La iniciativa del Ministerio de Educación de promover una reforma académica acorde con la época, las necesidades y la realidad del mercado laboral, merece el apoyo de todos los panameños que nos sentimos preocupados por la caricatura de educación que están recibiendo nuestros estudiantes. El futuro de este país está comprometido por la insensatez y la irracional postura de la dirigencia docente que no parece estar nunca satisfecha con nada, salvo con aumentos salariales –que ciertamente se merecen muchos educadores– pero sin dar nada a cambio.
Es increíble que sean los docentes los que condenen a nuestros estudiantes a vivir el círculo vicioso de la pobreza, pues su preparación académica data de mediados del siglo pasado y con ella poco pueden hacer para insertarse en un mercado tan competitivo como el de hoy, y el del futuro.
Qué poco amor sienten por su prójimo y por esta bella vocación, y qué poco respeto expresan por la memoria de insignes educadores panameños como Octavio Méndez Pereira, Jepta B. Duncan, Guillermo Andreve, Melchor Lasso de la Vega o José Daniel Crespo, entre otros. Ellos fueron luz y guía. ¡Qué desgracia para nosotros que su llama se haya apagado!.