Los escándalos del desgobierno que vivimos los últimos cinco años no cesan. Siguen apareciendo en cada rincón donde alguien se asoma. El Tribunal de Cuentas, sin duda, tendrá mucho trabajo dada la cantidad de expedientes que está tramitando y las nuevas denuncias que cada día llegan.
Es necesario hacer una exhaustiva investigación, pues es evidente que algunos proyectos –en especial del Prodec– fueron meras excusas para despojar al Estado de sus pocos, pero valiosos recursos. El mensaje que tiene que dar el Tribunal de Cuentas no debe dejar lugar a dudas, pues si robar es un acto despreciable, robarle a muchos es un acto abominable. Unos pocos se aprovecharon de las necesidades de muchos para sacar vil provecho. Otro proyecto que merece ejemplar castigo es el reemplazo de la fibra de vidrio en las escuelas.
Por culpa de una administración negligente e inepta, miles de estudiantes perdieron sus clases, como si nuestra educación fuera un derroche de calidad. La corrupción galopa sin ningún freno en este país y la impunidad reinante simplemente no tiene parangón. ¿Este es el país que deseamos para nuestros hijos? Acabar con ella es el reto de las nuevas autoridades.