La realidad que se vive en Honduras, desde hace ya algunas semanas, ha estado marcada por la inestabilidad política y la violencia, producto de las acciones tanto del Presidente depuesto como del gobierno de facto, que ya hoy le han merecido el reproche internacional. Acciones éstas que lejos de buscar el bien común de los hondureños, parecen responder a los intereses políticos de cada una de las partes.
A pesar de los múltiples intentos de mediación de la comunidad internacional para que a través del diálogo se logre un acuerdo, no se vislumbran intenciones positivas de ninguno de los bandos para alcanzarlo.
El diálogo es la vía ideal para la solución de este conflicto, que ya ha causado suficiente inestabilidad y ha cobrado varias vidas humanas. Basta ya de provocaciones y amenazas, es hora de que los hondureños recuperen la tranquilidad y la tan añorada paz. A este país centroamericano parece esperarle un largo camino por recorrer, antes de volver a la normalidad. Es una lástima.
