Detrás de la trifulca montada alrededor de la carrera administrativa se esconde el clientelismo en su peor expresión. El país merece un verdadero servicio civil, algo muy alejado de lo que ha terminado siendo la caricatura actual. Los funcionarios al servicio del Estado, en sus diferentes ramas, solo deben obtener estabilidad por méritos, para lo cual es indispensable demostrar aptitudes, capacidad y buen servicio.
Primero fue el PRD, que luego de perder las elecciones en la época de Pérez Balladares, designó cientos de copartidarios a última hora sin las debidas calificaciones. La administración Moscoso, incapaz de rectificar los abusos, congeló toda acreditación por un lustro. Pero la más burda de todas, la de Torrijos, en un manejo gansteril, dio la estocada final, designando grotescamente a cuanto copartidario alcanzó meter, echando por tierra cualquier posibilidad de implantar un verdadero sistema de méritos.
Los contribuyentes exigimos que nos atiendan funcionarios capaces, eficientes e íntegros, para quienes debemos reservarles estabilidad y buena paga. Los parientes, las queridas y los amigos, que vayan a trabajar en las fincas de sus copartidarios, no a costa nuestra. ¡Basta ya de jugarretas!
