Hace un tiempo, tímidamente circuló la idea de convertir la antigua sede de la Embajada de Estados Unidos en un museo. La iniciativa es meritoria y vale la pena considerarla seriamente. Nuestra capital, casi huérfana de museos y vida cultural, encontraría en la edificación sobre la Avenida Balboa un sitio ideal para el Museo de Arte Contemporáneo, cediéndole así a una asociación sin fines lucrativos un espacio apropiado para exhibir permanentemente la mejor colección de plástica nacional, y darle un empuje a una institución que ha sobrevivido por décadas con esfuerzos privados y que contribuye a la promoción cultural y a la excelencia artística.
La envidiable ubicación del inmueble daría un magnífico acceso al público y sería el detonante para la recuperación de lo que aún pueda salvarse de La Exposición y de los majestuosos –pero deteriorados– pabellones y jardines del Hospital Santo Tomás. En vez de condenar la edificación a una oficina gubernamental más, la administración Martinelli tiene en sus manos la oportunidad de oro de reconvertir esa área en un foco de revalorización cultural y urbana. ¡No la dejemos pasar!
