Mientras edificios y construcciones siguen apoderándose de cuadras, aceras y servidumbres, el sistema de alcantarillado está a punto de reventar porque las empresas constructoras no cuidan los desagües, sino que los obstruyen. A pesar de las múltiples denuncias ciudadanas y las constantes quejas de los peatones y residentes, muchas áreas de la ciudad se han tornado en charcos permanentes, lodazales o pedregales.
¿Qué esperan las autoridades municipales para poner orden y empezar a sancionar a los responsables de tanta indolencia? ¿Cuándo veremos los contribuyentes que los servidores públicos velan y protegen nuestros derechos básicos, ejerciendo su autoridad en beneficio de la colectividad? Solo hace falta voluntad para empezar la cruzada de adecentamiento, orden y cumplimiento de las ordenanzas municipales de aseo y mantenimiento urbano.
En cuanto la Alcaldía empiece a sancionar por las faltas cometidas, el efecto cascada hará el resto, y los transeúntes empezaremos a recuperar nuestras aceras y el derecho a caminar por veredas y barrios.
