El paro de labores que protagonizan funcionarios del servicio de Aduanas ha puesto en jaque la economía nacional, incluso las consecuencias tienen alcance regional. Tal es la seriedad de esta huelga –que prosigue hoy– que las pérdidas se calculan en decenas de millones de dólares por día. En otras palabras, las exigencias y protestas de estos empleados no guardan proporción con el perjuicio que Panamá sufrió ayer.
Pero este gobierno ignoró a los quejosos y en lugar de sentarse a negociar, hoy afrontamos una situación gravísima por culpa –una vez más– de esa usual desidia de esta administración PRD que, a propósito, pretendía otros cinco años en el poder. Tal parece que la cosa pública anda a la deriva, con un Presidente que se limita a dar sentidos discursos de despedida e inaugurar cuanta obra –terminada o no– le pongan en la agenda. Estamos sumidos en una oscuridad administrativa que está castigando duramente a la empresa privada, a la Zona Libre de Colón y al comercio internacional. No entiende el gobierno que esta no es una protesta más o el habitual cierre de calles. Esto es jugar irresponsablemente con la economía nacional.