Los deslizamientos de tierra ocurridos en cerro Quemado tras la construcción del último tramo del Corredor Norte –bajo esta administración– evidencian la actitud negligente de nuestras autoridades en materia de controles e inspecciones. La constructora Pycsa hizo lo que mejor convenía a sus propios intereses mercantilistas, mientras que alguien en el Ministerio de Obras Públicas cerraba los ojos cuando la empresa socavaba las faldas del cerro que hoy se desmorona brutalmente con las lluvias propias de la época.
Por su lado, los funcionarios de la estatal Empresa de Transmisión Eléctrica (ETESA) guardaron silencio cuando Pycsa irresponsablemente arremetía contra la base de la elevación donde se encuentran sus torres de alta tensión, que ahora corren el peligro de desplomarse. Si algo así ocurriera, las consecuencias serían desastrosas. Tanta desidia es inexcusable y los responsables deben rendir cuentas por sus nefastas omisiones. No sabemos qué espera el Presidente para exigir responsabilidades. ¿O es que pretende convertirse en cómplice, de ocurrir una calamidad?
