Si hay un denominador común en esta administración, es la improvisación. Las obras se hacen a la carrera, no forman parte de un plan u ordenamiento que le dé consistencia a la infraestructura estatal. Es así como millones de dólares en estudios, contrataciones, materiales y tiempo se pierden por simple desidia. La reparación de las escuelas se hace tan aprisa que no se convoca a licitación; la falta de planificación nos enlatará en tranques interminables porque la cinta costera termina en un cuello de botella, pues un puente vehicular que pudo solucionar este problema desapareció del proyecto. De la misma forma, se crean leyes que nadie se ocupa de que se cumplan, como las “restauraciones” en el Casco Antiguo. Ni siquiera se encargan de que las cañerías estén despejadas antes de que lleguen las lluvias o que las constructoras paguen por el daño que causan a servidumbres públicas, bienes del Municipio y del Estado. Por ello se atreven a pedir, sin el menor atisbo de vergüenza, que se suspenda la norma que las obliga a pagar por ello. En resumen, se ha institucionalizado el caos.
Hoy por Hoy 2009/06/17
17 jun 2009 - 05:00 AM
