Después de mutuas recriminaciones, la Procuradora y el Contralor de la República “limaron” ayer asperezas y ahora se presentan ante los ciudadanos como dos funcionarios que trabajan en armónica relación. La jefa del Ministerio Público ya no echa de menos al anterior contralor –su antiguo aliado estratégico– y al parecer tampoco recuerda que dijo que no había pruebas sobre casos de corrupción que supuestamente la Contraloría había entregado a las fiscalías del ramo.
Hay que reconocer que es una oportuna reconciliación, pero los ciudadanos nos preguntamos en qué quedaron los 427 expedientes que se habrían entregado a las autoridades para investigar posibles actos de corrupción o qué se ha hecho para procesar a los sospechosos. Más que falta de avenencia entre estos altos funcionarios, nos preocupa que no haya resultados, que no se castigue a los que sustraen patrimonio estatal o que reine la impunidad. Esta disputa pública sacó a relucir deficiencias en ambos lados. Ahora esperamos que las corrijan. Y esto no se consigue con un simple estrechón de manos.
