El Fondo de Inversión Social (FIS) tiene, al parecer, sus días contados. Quizá nació para cumplir una labor social, coordinada desde la propia Presidencia de la República, pero en la práctica se convirtió en refugio de muchos políticos –especialmente de diputados– que traficaron favores a cambio de obras para sus comunidades en un bochornoso intento de recuperar los votos que no pudieron retener como miembros del Órgano Legislativo.
Esto no es más que un abuso que la actual administración llevó al límite. Las partidas circuitales desaparecieron, pero en su lugar nació el FIS, con el mismo oscuro objetivo, solo que con otro nombre; con otra administración, pero con el mismo fin. Los ciudadanos no solo lo deseamos, exigimos que este tipo de organismos con ropaje social, pero de accionar descaradamente político, deje de existir y que los funcionarios cumplan con los deberes propios del cargo para el que fueron elegidos, en vez de promover su imagen política a costa de nuestros impuestos.