La ambición desmedida es lo que lleva a ciertos personajes –que se hacen llamar asesores, pero que en verdad son depredadores de los recursos estatales– a ubicarse a la cercanía del poder, desde donde mueven los hilos y toda la influencia para alcanzar las metas de su codicia. Uno de ellos es recordado por los vergonzosos casos de las concesiones que promovió a favor de Ocean Pollution Control y Ports Engineering & Consultans Corp. (PECC), empresas inventadas solo con el propósito de arrancarle dinero al Tesoro.
Ahora lo vemos en los mismos afanes: procurarse negocios con el Estado que le permita engrosar sus cuentas bancarias. Repugna el hecho de que todos estos negocios se hacen bajo las narices del Presidente, que nada hace por evitar que su círculo cercano se apropie de lo que le pertenece a todos los panameños. Es inevitable la sospecha: ¿qué hace que el Presidente se cruce de brazos mientras todo esto se consume? Hace falta tener muy mal el olfato para no darse cuenta de que tanta prosperidad entre sus amigos y asesores tiene un mal olor, ¿o es que el mal olor no le molesta?
