Es una vergüenza que los funcionarios de elección popular –esos a los que les damos el voto cada cinco años– insistan en cobrar por un trabajo que no realizarán. Se supone que ellos deberían ser ejemplo de la decencia y las buenas costumbres, pero el mensaje que envían es de un cinismo intolerable. Cobrar salarios sin retribuirle nada a cambio al Estado, bien podría ser considerado un delito, por lo que es inconcebible tal exigencia.
¿Por qué no pidieron ese dinero antes del 3 de mayo? Simplemente porque ello era un descaro que les costaría valiosos votos de los electores. Muchos políticos no parecen captar el mensaje que transmitieron los ciudadanos en las votaciones pasadas.
El pueblo panameño está al límite de la política barata, del despilfarro, de cómo unos pocos juegan, regalan y se apropian de los recursos del Estado. En vez de poner empeño en transformar su imagen, en cambiar todo lo que tienen en contra, lo que hacen es agudizar y potenciar aún más su deteriorada imagen. Simplemente, son incapaces de ver que se están suicidando políticamente.
