No importa qué lugar de la ciudad se mire, la radiografía que recibe el ciudadano es la misma: la capital se ha convertido en un lugar inhóspito, hostil y perturbador. Las autoridades han permitido que en áreas residenciales se levanten torres y puentes, que añadan accesos, se cambien dimensiones, todo a costa del espacio público que nos pertenece a todos, y que ha sido apropiado burdamente con la complicidad del Alcalde y su Ingeniero Municipal.
El alcalde Navarro, con sus promesas de una “gran ciudad” hace 10 años, y el ingeniero Salas, que se le contrató después para que velara por las normas urbanas, son los primeros responsables por la caótica situación, inexplicable para los ciudadanos, que nos preguntamos si lo que vivimos a diario ha sido el producto de una incompetencia escandalosa o la más sospechosa complicidad con los intereses particulares que han lucrado con el bienestar común. Es hora de rendir cuentas a los ciudadanos, que no aguantamos más excusas. Ante la orfandad gubernamental, los vecinos han empezado a organizarse para batallar contra la corrupción rampante y el desbarajuste en el otorgamiento de los permisos de construcción y ocupación.