El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia en el que declara inconstitucional una limitación que imponía el Código Electoral para que solamente fueran los partidos políticos los únicos que podían postular candidatos para Presidente de la República, es un gran paso para la democracia. La clase política panameña sufre un severo desgaste –algo que no quiere admitir– como para imponernos a los ciudadanos los candidatos que únicamente ella puede postular.
El fallo de la Corte abre una puerta ancha para que cualquier ciudadano –incluyendo a aquellos que se niegan a pertenecer a un partido político– pueda tener la oportunidad de ser elegido para dirigir los destinos de la nación, sin las ataduras que suponen los compromisos que adquiere el político tradicional. Hace justicia hoy la Corte Suprema al devolvernos un derecho que se arrogaron los partidos como algo de su entero patrimonio. Ahora tocará a esos ciudadanos preocupados por el futuro de su país y de su familia afrontar el reto. Entre tanto, nuestros políticos deberían ir pensando en cómo reinventarse.
