Con una indolencia que llega al alma, las autoridades encargadas de velar por los conjuntos monumentales históricos han dejado que naturaleza y mano criminal hayan ido destruyendo nuestro legado. Mientras que San Lorenzo es devorado por la jungla y Portobelo depredado cada día que pasa por la comunidad, en el Casco Antiguo la falta de escrúpulos de particulares ha dejado un saldo aterrador.
Así como la negligencia gubernamental y las pasarelas de la pasada administración precipitaron la caída del Arco Chato, la presente administración ha permitido la más cruel y desalmada afectación de la plaza mayor de la ciudad. El escándalo de dos edificaciones excedidas en altura, que ahora incluso toma un giro penal, venía precedido por la destrucción desalmada que se hizo meses antes del emblemático Hotel Central.
No bastó la destrucción de sus interiores ni la mutación de fachadas: tal y como lo advirtieron expertos por este mismo medio, las estructuras torpemente apuntaladas han cedido y somos testigos de las dolorosas consecuencias que dejan la negligencia gubernamental, todo a dos pasos del Palacio de las Garzas, del Ayuntamiento y del Inac.