Panamá es un país rico, pero con falencias que nos hacen pobres. El dinero no es el problema sino cómo y en qué lo gasta el Gobierno. Ocurre que el criterio usado es un absurdo: un ministro ni pestañea para pedir una partida adicional de $50 millones para una empresa que se comprometió a hacer una autopista por un valor y ahora alega que no le alcanza. En cambio, el Gobierno lleva años sin pagar por la recolección de la basura, y casi provoca la bancarrota de una institución. Desprecia las necesidades de los envenenados del Seguro Social, pero pagó una inmerecida indemnización a una candidata presidencial. Compensa a buseros por sus chatarras, pero a los quemados de la Martín Sosa los resarce con el olvido. No es dinero lo que falta, es sentido común lo que escasea.
Hoy por Hoy 2009/04/03
03 abr 2009 - 05:00 AM
