Muchos no parecen tener muy clara la gravedad de la situación económica mundial, que empieza a sentirse con fuerza en nuestro país. Lejos de ser más cautos en el uso del dinero, se arriesgan a perderlo en los juegos de azar que reportan ingresos 13% mayores que en enero de 2008. La ligereza con que muchos actúan, supone trasladar la crisis a la economía familiar y arriesgar la estabilidad del hogar.
Desoír las advertencias de expertos puede acarrear problemas graves en el núcleo familiar, incluso peores a los que podrían enfrentar las empresas. Y mientras gran parte de estos jugadores se hacen los sordos, el Gobierno tampoco parece tener interés en desincentivar estas actividades. No se trata de impedir la libre empresa, sino de poner reglas que permitan a los negocios obtener sus ganancias sin comprometer las micro- economías familiares. Si el crecimiento en los juegos de azar continúa a este ritmo, los clientes habrán derrochado más de mil 200 millones de dólares este año. Y ese dinero, bien podría ser un salvavidas en tiempo de crisis.