El fuego que consumió un almacén en Calidonia esta semana dejó claro la gravedad de los problemas y carencias que el Cuerpo de Bomberos de Panamá está sufriendo desde hace meses. Y aunque la suerte una vez más estuvo de nuestro lado –pues en esta ocasión no hubo víctimas fatales–, lo ocurrido debemos tomarlo como una advertencia, ya que seguir esperando milagros es una actitud irresponsable.
Los bomberos tienen necesidades apremiantes y ello supone también un enorme riesgo para nuestra propia seguridad, pues todos estamos expuestos a calamidades. El Gobierno hasta ahora ha manejado el problema con ligereza, pues las escenas que contemplamos de ese incendio evidenciaban la falta de equipos elementales, a tal punto que hubo que hacer uso de vehículos antimotines para menguar la furia de las llamas.
Lo que las autoridades destinarán para emparchar las necesidades de los camisas roja simplemente es irrisorio cuando se compara con sus privaciones. La advertencia está dada, ahora esperamos que las autoridades actúen con responsabilidad.
