A medida que Panamá florece en sectores importantes que impactan la economía, sale a relucir la precaria condición de nuestra infraestructura para hacerle frente a la necesidad de tratamiento adecuado de desechos. Ahora, ha reventado el tema en el Aeropuerto Internacional de Tocumen -antesala de los miles de turistas e inversionistas que nos visitan-, donde no saben qué hacer con la basura proveniente del creciente número de aviones que aterrizan.
Obviamente esta situación pone en jaque la seguridad aérea de las aeronaves que llegan y salen de dicha terminal, por la cantidad de aves carroñeras sobrevolando el lugar de acumulación de desperdicios. Pero este no es el único problema: la población en las comunidades aledañas podría sufrir los efectos de una crisis sanitaria, como consecuencia de las cinco toneladas de desperdicios que se generan diariamente y que permanecen al aire libre en las inmediaciones del aeropuerto.
Si las autoridades municipales, sanitarias y del Aeropuerto de Tocumen no asumen su rol y resuelven este problema de inmediato, nos preguntamos: ¿Quién responderá si otra tragedia sacude a este país? La advertencia está dada.
