A la vista de todos, con un indolente descaro y en abierta violación a las normas sobre la materia, un monumental relleno se fue levantando de a poquito en el área de Amador. Pese a las innumerables denuncias públicas y a la aislada acción de uno que otro funcionario que se atrevió a enfrentar al gigante Grupo F., éste se ha burlado –una vez más- de las leyes. Figali simplemente se sentó a esperar que el paso del tiempo le granjeara la victoria. Qué seguro estaba que nuestra Corte Suprema jamás fallaría a tiempo para detener su trasgresión.
Y así fue. Un mensaje muy vergonzoso para la ciudadanía, pues queda claro que basta hacerle jugarretas a la justicia, demorar los procesos con triquiñuelas baratas y al final, por prescripción o por sustracción de materia, se logra cualquier desfachatez. Y es que nada justifica que un caso duerma 3 ó 4 años en el pupitre de un magistrado mientras afuera la ilegalidad continúa triunfante. Eso convierte al funcionario en cómplice de la violación por su inacción y falta de la debida diligencia. Y esa omisión la pagamos caro todos.
