La Asamblea Nacional se apresta a iniciar su último período con la anunciada ausencia de sus diputados principales, ocupados en tratar de lograr un nuevo período, según ellos, para representar al pueblo que los eligió. Pero hay que recordar su trayectoria, en muchos casos, vergonzosa, escondida de la luz del día, floreciente –en cambio– en lo avanzado de la noche, madrugándonos con leyes hechas a su medida, o a la de sus jefes disfrazados de estadistas.
La Patria Nueva solo fue un buen eslogan, pues en nada cambiaron: siguieron comprando vehículos de lujo grotesco, para ganarse el ahorro del impuesto, para pagar algún favor o para exhibirse en un carro de 100 mil dólares, símbolo de su nuevo estatus político, económico y social. Ahora –cuando ven su curul en subasta electoral– abandonan su cómoda y bien pagada rutina para ir a prometernos todo lo que antes se preocuparon por incum- plir. Nuevamente vendrán con sus gastadas promesas a competir con los que ansían el mismo modo de vida. ¿Tendremos los panameños la madurez para hacer una buena elección?
