La transparencia comienza por casa. Las campañas de los candidatos a elección popular se niegan sistemáticamente a ofrecer detalles sobre sus donantes y el dinero que dan a ellas. La excusa para no hacerlo sigue siendo baladí: el listado se lo entregan al Tribunal Electoral, que equivale a ocultar la información, pues los magistrados no pueden revelarla porque los propios políticos –que se llenan la boca prometiendo transparencia– se encargaron de impedirlo mediante la ley.
Los candidatos deben entender que hay que revelar el nombre de sus patrocinadores, porque sus electores necesitan saber si el apoyo está condicionado a privilegios o canonjías. Pero se siguen negando y, en consecuencia, la suspicacia crece y se alimenta de la incertidumbre que los propios políticos generan. Por ello, cuando alguien de dudosa reputación, como David Murcia, señala con el dedo que donó a determinada campaña y ésta lo niega, siempre será la palabra de uno contra la del otro. Es por casos como este que la transparencia en los asuntos de los donantes cobra relevancia.
