Lamentable es el estado en que se encuentran los sitios que forman parte del patrimonio de la humanidad en Panamá. Y, sin embargo, con la excusa de que el Carnaval atrae el turismo, el Gobierno destinó millones de dólares para pagar una efímera parranda, dejando a un lado –por citar un ejemplo– el mantenimiento de estos sitios de incalculable valor histórico y de verdadero interés turístico permanente.
Es realmente una vergüenza que Panamá no quiera hacer frente –porque dinero hay– a su responsabilidad de proteger lo que pidió fuera declarado un tesoro de interés mundial. ¿Para qué hacer tanto esfuerzo, si luego las autoridades se olvidan de su existencia? Panamá simplemente no puede hablar de la conservación de sus sitios históricos porque, a juzgar por el estado en que se encuentran, tal parece que no existen programas de preservación. De esta manera, los sitios declarados patrimonio de la humanidad se exponen a perder tal condición y, si algo así ocurriera, no habría pretextos. El alegado “descuido” que la administración Torrijos siempre usa de excusa, sería inadmisible. Este es el momento de hacer algo. Asuman ya su responsabilidad.
