El Consejo Nacional de Transparencia Contra la Corrupción desarrolla una iniciativa a fin de elevar de rango esta y otras oficinas públicas, con lo cual pasaría a llamarse Autoridad para el Desarrollo de la Ética y Control Institucional. Muy poco ha logrado el Consejo para reducir los altos índices de corrupción existentes. Sin embargo, sus directivos buscan perpetuarse en el cargo y elevar el salario del titular de la institución a 10 mil dólares mensuales.
El solo hecho de pretender aumentarse el sueldo, ignorando el fracaso de esta oficina es éticamente cuestionable. Pero eso no es un impedimento para ellos, pues hace falta tener la cara dura para reclamar más poder y sueldo cuando lo único que ha hecho este Consejo es impartir uno que otro seminario a funcionarios de tercera y cuarta categoría, mientras miraban hacia otro lado y guardaban silencio frente a los mayores escándalos de este gobierno. Es simplemente inaudito que ahora esos mismos que no movieron un dedo para prevenir, señalar o criticar con vigor la corrupción, pretendan proyectar tal decepción al rango de Autoridad. Complacerlos es premiar el fracaso.
