Nada detendrá la compra de los nuevos buses chinos. Ni siquiera el hecho de que la empresa “ganadora” de la licitación para su compra haya colado una fianza de cumplimiento que ninguna empresa reconoce como suya y que hasta ha sido calificada de falsa. Pese a ello, el presidente, Martín Torrijos, insiste en seguir adelante con el proceso de compra, ignorando, incluso, a copartidarios suyos –como Juan Carlos Navarro– que aseguran que este acto público es un fraude.
El Presidente dice que va a ser celoso para que “todo el proceso se haga en apego a la ley”, pero es un completo absurdo que la licitación mantenga su curso con semejantes irregularidades. Todo el proceso parece viciado desde el momento de su convocatoria, cuando las empresas interesadas advirtieron de que los plazos fatales eran precipitados. Desde entonces, la sospecha describe con exactitud esta inexplicable insistencia del Gobierno en avalar una licitación tan controvertida. ¿Es así como quiere que se recuerde su solución al problema del transporte: como un escandaloso negociado?
