Digna de elogio es la decisión de la Autoridad de los Servicios Públicos (Asep) de autorizar que los cables del tendido eléctrico –esas antiestéticas marañas esparcidas por todo el país– sean soterradas, al menos, en zonas clave de la capital.
Aunque es un primer paso para embellecer una ciudad asediada por el mal gusto y la codicia de empresarios, a quienes poco les interesa el rechazo que genera este hacinamiento urbano, lo importante es que hay voluntad de hacerlo.
Los ciudadanos estamos cansados de luchar contra la mala práctica que supone tupir la ciudad hasta asfixiar a sus habitantes, y de asumir el papel de los funcionarios, que incumplen sus deberes. Por ello, la acción de la Asep nos renueva la esperanza en la institucionalidad.
