El discurso de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) en torno a la concesión de Minera Petaquilla es un completo galimatías.
Hace unas semanas le aprobó un estudio de impacto ambiental a pesar de que la empresa ignoró olímpicamente a la Anam, pues comenzó a desarrollar las obras del proyecto minero sin los permisos ni estudios correspondientes. Incluso, la Autoridad ha emitido una resolución que le prohibía a la minera seguir adelante con su proyecto, orden esta que, al parecer, a sus flamantes dueños les pareció un papel interesante, pero sin ningún interés, pues siguieron haciendo lo que les dio la gana.
Ahora, después de haberles extendido su visto bueno para desarrollar la mina, la Anam está considerando querellar la empresa por supuestos delitos ambientales. Es inconcebible que aún lo esté analizando, cuando sus propios estudios revelaron hace unas semanas que el suelo, la vegetación y la vida silvestre –incluyendo zonas donde existen especies en vías de extinción– tienen la máxima calificación de perjuicio. Es decir, los funcionarios dicen una cosa, pero hacen otra. Ya está bueno de tanto evaluar; es hora de actuar.