Independientemente de las bondades o deficiencias del programa Red de Oportunidades del Gobierno, ha quedado en evidencia –con los datos divulgados por el Ministerio de Desarrollo Social– que hay importantes fallas de control y fiscalización. Pero lo más grave es que nos enfrenta a la realidad de que el juega vivo y la corrupción han penetrado tan profundamente nuestra sociedad que, incluso, hay quienes comprometen su honor por un par de dólares.
Esos mismos dólares que bien encaminados hacen la diferencia entre malvivir y subsistir para aquellos sumidos en la extrema pobreza. Lo vergonzoso es involucrar a personas allegadas a funcionarios que lograron estirar el presupuesto familiar inscribiéndose en el programa, sin pensar que robaban la oportunidad a otros.
Es inaceptable que las autoridades se queden de brazos cruzados, cuando literalmente estas personas sustrajeron dinero del Estado mediante el fraude y la falsedad. Basta añadir controles férreos a los proyectos y sanciones ejemplares para esos que pretendan ser más listos que los demás.
