La codicia ha dejado al descubierto las verdaderas intenciones detrás de la ley de tierras que se propone aprobar el PRD en estos días, en la Asamblea Nacional. Los allegados al poder, que han ido acumulando concesiones y derechos posesorios durante los últimos cuatro años, pretenden quedarse con miles de hectáreas del Estado a precios irrisorios, para luego lucrar por generaciones.
So pretexto de beneficiar la situación de humildes campesinos, encubren un negociado de proporciones gigantescas. Pretenden legalizar lo que en sigilo han conseguido, con su acceso privilegiado a información catastral, aprovechándose, una vez más, de las distracciones de fin de año para concluir la viveza.
No nos llamemos a engaño: ya las tierras costeras del Pacífico, las islas, e incluso aquellas próximas a las carreteras cuyos planes inesperadamente anunciaron en la costa Atlántica, tienen nombre (y hasta sociedades que los oculten). Y no es de humildes campesinos.
