Los panameños llevamos años sufriendo la tortura del transporte público urbano, sin que el Gobierno haya tomado acciones efectivas para solucionar el asunto. Pero ahora, de buenas a primeras, la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre declara alegremente un estado de emergencia para darle un ropaje de legalidad a una compra acelerada de 420 buses cuyo costo, por supuesto, será pagado por todos nosotros. Además de que esta decisión genera justificadas sospechas, lo peor es que la compra se hará a la carrera.
La incapacidad de este gobierno para planificar –incluso a corto plazo– nos impide obtener mejores productos a mejores precios. La incompetencia que demuestra el Gobierno en la administración de nuestros impuestos es vergonzosa, o ¿es que este proceso será la excusa para dar un último zarpazo a las finanzas públicas antes de finalizar esta administración?
Este gobierno tiene el dinero que no ha tenido ningún otro, pero en lugar de aprovechar la bonanza para mejorar la calidad de vida del ciudadano, se ha dedicado a malgastarlo en medidas paternalistas y en insostenibles subsidios que tarde o temprano terminarán rebotándonos. El populismo ha reemplazado el sentido común en el Gobierno.
