La falta de institucionalidad nos está costando dinero. Peor aún, nos está quitando la oportunidad de desarrollo. Calificadoras internacionales de riesgo advierten de que ha habido avances en Panamá, pero se necesita que estos perduren. Y en Panamá no es así, porque los políticos son incapaces de asumir el rol de estadistas que les corresponde.
En vez de ello, se afanan en descalificar y desechar todo lo que hizo el gobierno anterior, sin pensar que así derrochan centenares de millones de dólares, solo para darle paso al clientelismo. Ya es hora de que actúen como personas maduras y entierren de una buena vez la idea de que el dinero de los contribuyentes lo pueden malgastar. Su sordera nos empobrece a todos e impide que el país logre salir del subdesarrollo.
