En medio de una economía en ascenso, atribuida a varios factores: el auge inmobiliario, la expansión del Canal y el aumento en el número de turistas que nos visitan por aire, mar y tierra, Panamá cumple hoy 105 años de vida republicana. A pesar de ello, no podemos ignorar el hecho de que somos un país en el que las necesidades esenciales de la población –como el transporte, la educación, la salud y la alimentación– son satisfechas muy deficientemente.
Lo curioso es que solucionar estas carencias, invariablemente forma parte de la galería de promesas de campaña electoral de todos los candidatos que históricamente han intentado llegar a ocupar la silla del poder, y que indefectiblemente incumplen.
Ahora, en un año preelectoral, no podemos menos que pedir a los aspirantes a puestos de elección popular –independientemente de a qué partido pertenezcan– que tomen en serio la palabra empeñada y, a diferencia de sus antecesores, consigan que el blanco, rojo y azul –colores de nuestro emblema patrio– brillen por igual para todos los panameños, sin importar raza, sexo, religión o condición social.