Como si el pasado no contara, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) se opone a que éste sea recordado en la campaña electoral. El pacto ético electoral entre los partidos políticos corre peligro, porque ese colectivo se niega a firmarlo si su candidata es enfrentada a su pasado por sus enemigos políticos. Pero es precisamente éste el que nos dice quién es la persona de hoy.
¿Cómo pretender borrar el pasado de un plumazo? El caso es más patético aún, pues al PRD le molesta que en el pacto ético se incluya una prohibición para que no se utilicen programas sociales del Gobierno para promover el clientelismo político, una práctica no solo desleal, sino detestable, pues eso no es otra cosa que utilizar recursos estatales con fines electoreros.
Es injustificable que el partido gobernante, que nos prometió transparencia, que nos juró integridad, y que hoy se proclama como el más democrático de todos, quiera imponernos su torcido modelo “ético” electoral. Asuman el reto de la gallardía y prueben con acciones lo que pregonan.