Convencidos, como están los políticos, de que los medios de comunicación deben servir como voceros oficiosos de sus actuaciones (mejor dicho, de las “cosas buenas” que hacen, porque lo criticable no debe ser de dominio público), el Gobierno Nacional ha optado, como ninguno que le haya precedido, en dedicar decenas de millones de balboas para hacerse propaganda por las obras que lleva a cabo.
Al Gobierno Nacional no le parece apropiado la valoración que los medios hacen de sus actos ni que intenten filtrar la desmedida demagogia, y menos aun, que reserven sus editoriales positivos para cuando realmente hacen algo meritorio, que supere el mero cumplimiento de sus obligaciones básicas.
Con fondos que servirían para hacer un hospital para los más humildes, o equipar con tecnología de punta una docena de escuelas, han despilfarrado en propaganda cuanto corte de cinta han hecho, cuanta condecoración han concedido o cada convenio que han firmado. ¡Y no han sido pocos, en eso sí coincidimos!
