Cada día que pasa, Hugo Chávez supera sus propios niveles de insensatez. Ayer se apuntó uno que seguramente será una joya en su galería de disparates, abusos y salidas de tono. Expulsar de su país a dos altos directivos de un organismo internacional de la talla de Human Rights Watch por decir que Venezuela retrocedió en derechos humanos en los últimos 10 años, refleja, sin duda –como dijo esa organización– los niveles de intolerancia, grosería y poca cabeza fría a los que ha llegado el gobernante venezolano.
Una cosa es discrepar con lo que dice la organización –una entidad que no precisamente se caracteriza por llevarse bien con muchos gobiernos por sus denuncias– y otra muy distinta es atentar contra el derecho universal de libertad de expresión, un derecho con el que Chávez se ha ensañado al punto de que quiere abolirlo en Venezuela.
Todos conocemos la enorme capacidad del ex coronel para subir el tono, atacar a sus detractores y acabar de tajo con la palabra democracia, pero sacar de Caracas, como delincuentes, a dos voceros de una respetada ONG humanitaria, es un moño más del adorno de dictador irascible e intolerante que Chávez colgó hace mucho rato en su puerta.
