Las autoridades del Tribunal Electoral tienen en sus manos la celebración de unas elecciones limpias. Eso incluye una actuación íntegra e imparcial. La reciente denuncia de la precandidata oficialista Balbina Herrera por una supuesta campaña sucia en su contra montada por su copartidario Juan Carlos Navarro activó en un santiamén los resortes en esa entidad, a tal velocidad que un día después se ordena la suspensión de la cuestionada propaganda.
Sin embargo, la que sí ha estado en el aire desde hace más de una semana es la del candidato presidencial Ricardo Martinelli en contra de Juan Carlos Varela.
En este caso, el retraso y la parcialidad hacen pareja con la sospecha y la conjetura, pues parece que tienen más peso unos que otros. Otro tema y tal vez más relevante: ¿es sucia la cuña publicitaria divulgada? Hay aquí un debate interesante para determinar hasta dónde la difusión de información verdadera puede tildarse de sucia. Peligroso resulta correr a prohibir una campaña antes de definir su suciedad. Esto permitiría disfrazar lobos con piel de oveja. No seamos incautos.
