La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha revertido una pretensión funesta. La hoy ex magistrada Graciela Dixon y un puñado de sus colegas pretendían extender el manto de la inmunidad a los ex magistrados y a sus asistentes.
Frente a una investigación legítima, en vez de coadyuvar en el esclarecimiento de los hechos en beneficio de la integridad de la propia Corte, prefirió ensañarse contra una fiscal que solo cumplía con su obligación.
La retorcida táctica de que “la mejor defensa es el ataque”, ha quedado desvirtuada. Como bien señala el fallo, la fiscal Cornejo fue precavida en no sobrepasar sus facultades, pero firme en su intención de esclarecer hechos delicados.
La decisión es precisamente lo que la ciudadanía espera del Ministerio Público: que cumpla con su labor de investigar, especialmente cuando afecte a los monos gordos del poder.
