La denuncia que se interpuso ayer contra Jacinto Cárdenas, magistrado suplente de Winston Spadafora, pone en evidencia la profunda corrosión que carcome las entrañas de la Corte Suprema de Justicia. Aunque habría que esperar los resultados de una investigación, la sola acusación de abuso de la investidura de magistrado supone avergonzar la honorabilidad de quienes junto a él imparten justicia.
Tanto Cárdenas como Spadafora han sido duramente cuestionados por sus polémicos fallos, poniendo en entredicho la justeza de sus decisiones y la moral que debe acompañar a los que ocupan tan alta magistratura.
Es el momento para que la Asamblea, de una buena vez, se apegue a la ley e inicie una investigación que permita concluir si la corrupción es mera percepción o si realmente hay fundamento para que los panameños pensemos que la justicia en este país se resuelve con una buena chequera. Merecemos magistrados respetables en una Corte digna.
